martes, abril 21, 2026

Mi visita al Museo del Prado

Dicen que cada viaje tiene una experiencia inolvidable; en mi caso, un mini viaje a España, donde fuimos a encontrarnos con mi amigo VVF, quedaría marcado por la perspicacia de mi esposa y por un ingreso inesperado y casi imposible al museo.

Llegamos antes de las 6 PM y ya había una cola interminable. Era improbable que ingresáramos y mi esposa me dijo que iba a averiguar. Por un momento pensé que ella estaría en la taquilla, comprando entradas, así que me quedé cerca. Luego, cuando vi que se acercaba la hora, me percaté de que no era ella quien finalizaba la cola en la taquilla, ya cerrada para el ingreso, decidí seguir la cola de principio a fin. Había gente parada, otros sentados en el suelo o en algún borde del jardín. La cola se extendía a ambos extremos del corredor y parecía interminable. Mientras llamaba a mi esposa para saber dónde estaba y, sin haber llegado aún al final de la cola, mientras la gente se alistaba para ingresar, ella venía a mi encuentro con un señor que le comentaba que podíamos ingresar con él al museo si queríamos, sin costo antes, durante ni después.

 Mientras me presentaba, me preguntaba si sabía algo sobre lo que encontraría dentro. Recordé mis clases con el profesor Merino (de arte, del colegio) e ingresamos por un acceso lateral que decía “Amigos del Museo”. El señor amablemente nos presentó como “sus alumnos” y la seguridad nos permitió el ingreso. Mientras ingresábamos, nos hizo una segunda consulta: si queríamos continuar nuestro paseo por nuestra cuenta, ya que su promesa había sido cumplida: estábamos dentro del museo. O si queríamos seguirlo en su recorrido, con la advertencia de que él tenía ciertas pinturas favoritas y que posiblemente no habría tiempo para verlas todas, ya que eso podría requerir semanas.

Tras una breve conversación con mi esposa, decidimos seguirlo. Era nuestro último día en Madrid; ya habíamos ingresado gracias a un buen samaritano, pues de lo contrario creo que no hubiéramos podido hacerlo, dado que el ingreso es limitado y dudo que lo hubiéramos logrado si nos ubicáramos al final de la cola.

Empezamos viendo la Anunciación de Fra Angélico, nuestro acompañante, que se volvería guía, comenzó el recorrido recitando el Ave María, mostrándonos primero el cuadro de la Anunciación, para luego pasar a la Visitación y terminar la oración. 

Luego veríamos la Mona Lisa que ahí se exhibe y de la cual se dice que podría no haber sido una copia sino un original.

Fue un recorrido muy nutrido; pasamos a las pinturas negras de Goya, incluyendo el perro semihundido, 

y vimos las pinturas de “El Greco” con la explicación de por qué sus figuras siempre eran alargadas.

Vimos cuadros de Velázquez, incluyendo el Cristo crucificado (uno de los primeros con cuatro clavos),

el Triunfo de Baco,

el cuadro del Príncipe Baltasar Carlos, 

Las Meninas (que se vuelve el cuadro inamovible del museo y quizá el más valioso), por qué la infanta Margarita lucía tan blanca (o pálida) y qué posiblemente había en el búcaro.

Hizo mención especial al único cuadro de Picasso que veríamos en el Museo del Prado (Busto de una mujer), que luce extraño en la sala, dadas las obras que lo acompañan. Vimos obras de estudiantes junto a obras famosas, que luego fueron evaluadas por profesores de arte. Al preguntarle qué enseñaba, dado que sabía a la perfección la ubicación de cada obra y la historia detrás de cada una, me respondió que dado que se olvidaba de algunas cosas, también se había olvidado de eso.

Un momento interesante es que nos quedamos a contemplar una obra peculiar: “La Vocación de San Mateo”, quien era cobrador de impuestos y que lo dejaría todo para seguir a Jesús. No nos paramos de la banca sin antes dejarnos a la reflexión sobre si también lo dejaríamos todo por seguirlo en estos tiempos, tal como lo hacen sacerdotes y monjas, aun en estos tiempos modernos. Incluyendo el comentario de que realmente nada nos llevamos de este mundo al final del viaje.


Con precisión respecto al tiempo, culminamos el recorrido con la Maja Desnuda y la Maja Vestida y los motivos de Goya detrás de esas pinturas, me quedé asombrado por el tamaño porque aún cuando al ser obras no muy pequeñas, no eran tan grandes como las imaginaba. Curiosamente, éramos los únicos con cámaras en el cuello que no pudimos sacar del estuche porque no se permiten fotos.


En ese momento llegó la hora del cierre y tuvimos que salir, siguiendo a nuestro “guía” y por la ruta que mejor conocía. Quedó otro piso de Goya que no vimos, pero estábamos más que satisfechos porque, como nuestro mismo guía diría: “nunca había hecho un recorrido tan rápido”, viendo tantas obras que reflejan el talento de esos pintores que retrataban con mucho realismo lo que sus ojos y su memoria podían captar, dado que, en algunos casos, sobre todo para familias reales, solo tenían pocos minutos para ver al grupo.

El recorrido terminó con un momento que marcó nuestra visita. Nos preguntó qué haríamos mañana y la respuesta fue que ya regresaríamos en la madrugada. Y nos dijo: “Y yo qué quería quedarme con ustedes”. Nos hizo una única petición: si podía darnos la bendición. Nos hizo la señal de la cruz en la frente y se despidió. Fue un momento muy emocionante y, mientras reflexionábamos sobre lo ocurrido, se perdió de vista.

Hay detalles, explicaciones y el cansancio del recorrido que omito en este relato, pero nos sucedió a dos personas; así que no fue ilusión ni sueño, pero sí marcó lo que será una visita inolvidable, y Dios permita que volvamos a encontrar a nuestro guía alguna vez.

jueves, octubre 16, 2025

¿Yo escritor? ¿o escribidor?

Hace unas semanas unos amigos me provocaban diciendo que debería escribir una novela. Que no tenga miedo a escribir, que escribir no hace daño, etc.

Así que, siguiendo sus pasos, me atreví a preparar algo que pienso podría ser una obra interesante, ya que expresa lo que significa ser un bicentenario, en especial, un estudiante bicentenario, aquel que empezó estudios universitarios en los 90 y se graduó hace unos años.

La obra propone dos volúmenes:

 

Y busca entretener al lector con la historia de un personaje ficticio incomprendido, de alguien que solo podría existir en nuestra imaginación, pero que fácilmente podemos conectar con alguien que conocemos, sea en nuestra vida académica o laboral.



Sin embargo, la obra sigue siendo un proyecto ambicioso, pues darle forma a este personaje imaginario es un verdadero reto. Así que una estrategia que propongo es describirlo a través del testimonio de personas que lo conocieron (o que al menos, no lo olvidaron) intentando darle forma al cubo, mostrando diferentes caras del mismo, o en este caso, al Cuadrado.

Prefacio

Por Cuadrado, estudiante, activista y ciudadano en formación perpetua
La presente obra surge de una necesidad intelectual y patriótica: documentar, con rigurosidad crítica y vocación transformadora, el itinerario de un ciudadano que, desde los márgenes del sistema educativo, ha intentado —con mayor convicción que éxito— incidir en el devenir nacional. No se trata de una autobiografía en sentido estricto, sino de una crónica reflexiva sobre los desafíos estructurales que enfrenta la juventud universitaria en contextos de precariedad institucional, desinformación mediática y desafección política.
Ingresé a la universidad en condiciones adversas, ocupando el último puesto en un proceso de admisión que, lejos de desanimarme, me reveló la urgencia de una reforma educativa integral. Mi tránsito académico fue breve pero revelador: apenas cursé una asignatura, pero en ella descubrí que el aula no era mi único espacio de aprendizaje. Las redes sociales, los foros digitales y los medios alternativos se convirtieron en mi tribuna, desde donde emprendí una labor de denuncia y concienciación que algunos han calificado de “activismo virtual”.
Este texto recoge episodios clave de mi trayectoria: mi participación en movilizaciones estudiantiles durante el oncenio fujimorista, mi breve incursión en la función pública, y mi retorno a las aulas en una institución que, lamentablemente, operaba como fachada de intereses ilícitos. A través de estos capítulos, intento problematizar la relación entre educación, política y ciudadanía, y reflexionar sobre el papel del sujeto crítico en una sociedad que a menudo confunde el ruido con el debate.
Hoy, como “El Ingeniero” —título que reivindico no por grado académico, sino por vocación constructiva— continúo compartiendo ideas con una comunidad virtual que, aunque reducida y parcialmente automatizada, representa para mí un espacio de resistencia simbólica. Este libro es una invitación a pensar el país desde sus contradicciones, a reírnos de nuestras propias ficciones, y a persistir en la búsqueda de sentido en medio del absurdo.


Testimonio del profesor E. Salazar
Docente de Realidad Peruana, Universidad Nacional de San Marcos
Recuerdo a Cuadrado con claridad, no por sus calificaciones —que fueron escasas— sino por su presencia constante en las conversaciones, tanto dentro como fuera del aula. Fue delegado de curso durante un semestre, cargo que asumió con entusiasmo, aunque con resultados dispares. Tenía un ímpetu verbal que destacaba: intervenía con frecuencia, proponía debates, y mostraba un interés espontáneo por los temas tratados. Pero ese entusiasmo inicial se diluía semana a semana, como si la constancia fuera una virtud incompatible con su vocación política.
Cuadrado no estudiaba, al menos no de forma sistemática. Su atención estaba volcada en los vaivenes del poder, en alabar o condenar —según el día— a los dictadores de turno. Sus posiciones eran contradictorias, pero siempre apasionadas. En los trabajos grupales, su contribución era simbólica: aparecía en la portada, pero no en el contenido. Y cuando entregaba algo por cuenta propia, el texto era una copia literal de artículos ajenos. Él insistía en que no era plagio, sino “difusión estratégica del pensamiento”.
A pesar de todo, nunca lo consideré un caso perdido. Cuadrado tenía potencial, pero no para la universidad. Su talento residía en la capacidad de generar ruido, de provocar, de incomodar. En otro contexto —quizás en una asamblea, en una columna de opinión, o en un canal de YouTube— habría brillado. Pero en el aula, donde se exige rigor, método y paciencia, su fuego se apagaba rápido.
Hoy, al saber que su historia ha sido recogida en este libro, no me sorprende. Cuadrado siempre tuvo vocación de personaje. Y como tal, merece ser leído, discutido y —por qué no— comprendido.

Testimonio de Julius R.
Excompañero de aula, Facultad de Ingeniería
Recuerdo a Cuadrado. Recuerdo el día que entró al salón por primera vez: llevaba paso firme, mirada decidida, como quien está a punto de impartir cátedra. Algunos incluso se pusieron de pie, creyendo que era el profesor. Grande fue mi sorpresa —y mi decepción— cuando lo vi acomodarse en una de las carpetas del fondo, como un alumno más. Desde entonces, su presencia fue constante, pero su participación escasa. Observaba, asentía, tomaba notas que nunca vimos, y rara vez intervenía.
Salvo, claro, aquella vez inolvidable en clase de cálculo. El profesor preguntó si alguien tenía dudas, y Cuadrado, con una valentía que aún le reconozco, levantó la mano y dijo: “La verdad, profesor, no tenemos dudas ni preguntas porque no hemos entendido absolutamente nada”. La mitad del salón estalló en carcajadas; la otra mitad se hundió en vergüenza ajena. Fue su momento de gloria, y también el inicio de su leyenda.
Siempre pensé que Cuadrado se quedaría en primer ciclo. Incluso cuando me pidieron esta reseña, asumí que seguía ahí, atrapado entre álgebra y cálculo, con ese libro que me pidió prestado en 1993 y nunca me devolvió. Recién me entero que está en el grupo de WhatsApp de la promoción, ese mismo grupo que decidí silenciar hace más de un año luego de leer las tonterías que escribía. Me dicen que escribe todos los días. Yo no leo nada.
También recuerdo que era el último en entregar los trabajos, cuando los entregaba. Pero eso sí: era una autoridad en repetir —con tono solemne— las frases de César Hildebrandt, ese periodista de aire amargo que ahora vende un semanario que nadie compra pero todos descargan como PDF clandestino. Cuadrado lo citaba como si fuera Aristóteles. Y aunque sus ideas eran contradictorias, su convicción era inquebrantable.
Cuadrado tenía algo. No sé si era talento, terquedad o simplemente hambre de protagonismo. Pero lo tenía. Y aunque nunca lo vi aprobar más de una materia, siempre supimos que no iba a desaparecer. Cuadrado no se retira. Se recicla.


Testimonio de Alaluna
Compañero de promoción, año 2024
Claro que tenía que dar mi palabra cuando me pidieron hablar de Cuadrado. Fue un buen compañero, aunque nunca lo llamamos por su nombre. Para todos, era simplemente “el señor”. No por respeto, sino porque parecía haber vivido más que todos nosotros juntos. Era todo un personaje: llegaba en bicicleta, era vegano, y contarlo parecía darle un aire de superioridad moral —al menos más que la intelectual que realmente proyectaba.
Fueron años complicados para Cuadrado. Nos contaba con orgullo que había pisado cinco o seis universidades, pero que ninguna carrera lo había convencido. Era fascinante ver a un alumno que no tenía ningún profesor mayor que él, incluso cuando algunos tenían doctorado y publicaciones indexadas. Cuadrado era una anomalía académica, un testimonio viviente de que la perseverancia no siempre se traduce en progreso.
Pero si hay un momento que nunca olvidaré fue ese mensaje de WhatsApp, casi llorando, que me envió una madrugada: “50 años después, me gradué por fin. Sí se pudo, aunque ninguno de mis compañeros de 1993 pensaba que lo haría”. Yo no sabía si reír o llorar. Solo le respondí con un emoji sonriente y un texto en cursiva: “Grande mi estudiante bicentenario”.
Cuadrado no fue el mejor alumno, ni el más brillante, ni el más constante. Pero fue, sin duda, el más inolvidable.

Testimonio de Joaquín Presentación
Compañero de promoción, 1993. Consultor SAP, residente en Ginebra
A ver… ¿Cuadrado? ¿Quién es? Ah… ¿el de esta foto? ¿El que le agarra la mano a Riveros? Ya, ya, lo recuerdo.
Cuadrado… claro pues, cómo olvidarlo. Tuvimos el error —porque fue un error— de incluirlo en nuestro grupo de trabajo, convencidos de que sabía del tema. Cuatro semanas después, no teníamos ni una línea del avance que nos prometió. En nuestra desesperación, lo llamamos a su casa. Contestó una señora muy amable. Al principio pensó que era una broma cuando le dije: “Soy Joaquín, su compañero de la universidad. ¿Estará Cuadrado?”. Hubo un silencio incómodo. Luego, con una voz que mezclaba resignación y alivio, me dijo: “Mira, hijo, me gustaría poder ayudarte, pero Cuadrado al fin se mudó. Ya no vive aquí”. No pude evitar sentir que esa señora acababa de liberarse de una carga extremadamente pesada.
Esa fue la última vez que supe de él. También fue la última vez que lo consideramos para un trabajo grupal. Creo que apareció el día de la presentación, ayudando a sostener el papelógrafo. Literalmente: lo único que sostuvo fue el papelógrafo.
Ah, y cómo olvidar su promesa: “Si sacamos más de 16, yo invito la pizza y una Coca-Cola de tres litros”. Sacamos 18. Nunca vimos ni la pizza ni la gaseosa. Solo a Cuadrado, sonriendo como si él hubiera hecho todo.
¿Terminó la carrera? No lo recuerdo. Me dicen que se volvió activista político, que aparecía en marchas, pancarta en mano. No me sorprende. Cuadrado siempre fue más pancarta que contenido.

Testimonio de Baktivedanta Gupta

Dueño de “Sattva Sabor”, restaurante vegano y guía espiritual en San Isidro

Recuerdo a Cuadrado. Decía con convicción que era hare krishna, aunque su comprensión de los cultos de la India era, digamos, creativa. Confundía el maha-mantra con una consigna política y creía que el vegetarianismo lo convertía automáticamente en un ser iluminado. Pero bueno, cada quien con su camino.

Llegaba siempre desaliñado, como si el baño fuera una imposición burguesa. En bicicleta, con sayonaras, shorts y un bividí desteñido, pedía el menú del día con la solemnidad de quien exige justicia cósmica. Tenía una conversación amena, eso sí: comentaba cualquier tontería graciosa, mezclaba citas de Hildebrandt con frases de Gandhi mal traducidas, y luego —curiosamente— olvidaba pagar la cuenta. Solía decir que el tofu frito ya no tenía la calidad de antes, como si eso justificara la omisión.

También lo recuerdo preguntándome cada semana por las clases de yoga y el canto del maha-mantra. Iba esporádicamente, pero no para participar: hacía preguntas desafiantes, interrumpía con referencias a la política nacional, y luego se quedaba esperando que alguien —por compasión o incomodidad— le pagara el menú vegetariano del día.

Cuadrado era un peregrino sin mapa. Un buscador de sentido que confundía el karma con el algoritmo. Pero tenía algo que lo hacía entrañable: su fe en que, algún día, alguien lo entendería.

Y aquí dos capítulos del primer tomo:

Capítulo VII: Chacalón y la teoría del transporte popular

Por Cuadrado, pensador periférico y usuario frecuente del asiento roto junto a la puerta

La movilidad urbana, en tanto fenómeno sociocultural, constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo nacional, como bien lo dijo —creo— algún experto en una entrevista que vi en la tele mientras almorzaba lentejas. En ese sentido, la combi no es solo un medio de transporte: es una praxis, una cosmovisión, una resistencia motorizada contra el modelo neoliberal del bus limpio y puntual.

La combi, esa camioneta rural de chasis fatigado y alma popular, representa el verdadero espíritu del Perú profundo. A diferencia del transporte formal —donde el chofer va bañado, uniformado y con cara de que estudió administración— la combi te espera. Te ve corriendo desde media cuadra y no te juzga. El cobrador, con su voz de estadio y su dicción alternativa, grita “¡Al fondo está vashio!”, frase que, aunque fonéticamente incorrecta, encierra una poética de inclusión. Porque en la combi siempre hay espacio. Aunque no lo haya.

Los buses modernos, esos que paran solo en paraderos autorizados y no permiten subir por el estribo, son la metáfora del Perú que excluye. El Perú que te dice “no hay cupo” aunque veas el asiento vacío. El Perú que no pone Chacalón, sino música instrumental para que el chofer no se distraiga. ¿Qué clase de país se construye sin Chacalón? ¿Sin esa voz que grita desde el parlante: “Soy provinciano” mientras tú, estudiante bicentenario, sostienes tu mochila con una mano y tu dignidad con la otra?

La combi, además, tiene códigos. Tiene stickers que educan: “¿Qué miras sapazo?”, “Tu envidia es mi progreso”, “Solo nenas”. Son aforismos urbanos, pedagogías de la calle. Yo he aprendido más leyendo el vidrio trasero de una combi que en varios cursos de formación ciudadana. Y eso lo digo con autoridad, porque he estado matriculado en cinco universidades. Ninguna me enseñó lo que aprendí en el asiento plegable junto al motor caliente.

En conclusión —como diría cualquier expositor en una marcha que exige justicia y suspensión de clases simultáneamente— la combi no es informalidad: es identidad. Es el Perú que no entra en los informes del Banco Mundial, pero sí en el corazón del pueblo. Y yo, Cuadrado, soy su pasajero, su cronista, su testigo. Porque si hay algo que nunca falla, es que la combi siempre para. Aunque tú no tengas sencillo.

Capítulo IX: Pandemia, progreso y otras mentiras

Por Cuadrado, pensador en cuarentena y vacunado por impulso

“Ya nada volverá a ser como antes.”

Lo dije en abril de 2020, con voz grave y mirada perdida, mientras sostenía una mascarilla de tela que me había cosido con retazos de una camiseta de la Marcha por la Dignidad del 2004. En ese momento, me convertí en referente. Líder de opinión. Antivacunas por convicción, por intuición, por videos que me llegaban por WhatsApp. Decía que la vacuna era un experimento, que el virus era una estrategia geopolítica, que el alcohol en gel era una forma de control mental. Me entrevistaron en dos podcasts y un canal de YouTube que luego fue cerrado por desinformación.

Pero luego, en enero de 2021, fui el primero en la cola del vacunatorio. Me tomé una foto con el brazo al descubierto y la subí con el texto: “Ya todo cambió. No hay vuelta atrás.” Nadie me preguntó por qué cambié de opinión. Y si lo hacían, yo respondía: “La ciencia avanza, y uno también.”

Durante la pandemia, me volví defensor del teletrabajo. Decía que era el futuro, que por fin se rompía la esclavitud del horario, que el trabajador podía ser libre desde su cocina. Pero apenas el gobierno dijo que el teletrabajo era una alcahuetería de la vagancia, me compré una mochila nueva y empecé a marcar tarjeta a las 7 AM. Subía fotos en LinkedIn con frases como “La disciplina es el nuevo talento” y “El que madruga, sobrevive.”

También elogié los programas en línea. Dije que democratizaban el conocimiento, que por fin el saber llegaba a todos. Pero luego me di cuenta que cualquiera podía sacar una maestría sin leer ni una página. Que los escolares pasaban de año sin aprobar ni el curso de Personal Social. Que el mérito se había vuelto un PDF descargable. Y entonces escribí un artículo en mi blog titulado “La mediocridad digital: cuando el Wi-Fi reemplazó al esfuerzo.”

La pandemia me enseñó muchas cosas. Que el miedo moviliza más que la ideología. Que el discurso cambia según la coyuntura. Que uno puede ser antivacunas y vacunado, defensor del teletrabajo y esclavo del reloj, promotor de la educación virtual y crítico de los diplomas sin sustancia.

Y sobre todo, que en tiempos de crisis, el verdadero mérito es saber adaptarse. Aunque sea contradiciéndose.

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¿Qué te parece esta historia? ¿Merecía esta entrada en el blog? ¿Merece convertirse en libro?


domingo, agosto 17, 2025

Análisis de mi grupo de WhatsApp (como miembro)

Analizo datos de tanto en tanto. Alguien me preguntaba si mi investigación se basaba en analizar datos y la respuesta es "Si y No". "Si" porque en efecto, parte de mi investigación busca analizar un set de datos para luego trabajar con él y "No" porque el objetivo final no se limita a interpretar datos sino el algoritmo y su aplicación. Más bien, es un defecto mío el dedicarme a perder el tiempo, revisando cosas que nadie me pide hacerlo, esto es el resultado de un domingo entero mientras sufro con el calor.

Así que sin más (ni más), me puse a analizar las entradas de mi grupo de WhatsApp, del cual formo parte y en el que ahora filtro mis mensajes, a fin de poder enfocarme en los demás casos.

Por motivos de privacidad, usaré solo iniciales para mostrar algunos cuadros. Detalles importantes para entender un poco la evolución en el número de mensajes es este grupo: se crea el 16 de diciembre del 2018, yo me incorporo el 4 de mayo del 2020; la pandemia comienza en marzo del 2020, en febrero del 2021 comienza las vacunación y para noviembre del 2022 ya había terminado el estado de emergencia.

Este análisis utiliza los mensajes que recibí hasta el 17 de agosto del 2025. Hay un breve periodo en el que me desconecto del grupo (del 10 al 18 de junio del 2020) que no se considera en este análisis porque dadas las cifras, no alteraría mucho la distribución que aquí se presenta.

Un primer detalle que decido observar son los meses de mayor interacción, estos son mayo y agosto (con un casi empate en totales de casi 3700 mensajes en cada mes). Sin embargo la distribución varía año a año.


Los años con mayor cantidad de mensajes, lo marcan 2021 y 2022. Con un record de 1633 mensajes en abril del 2021, dos meses luego que iniciara la vacunación en Perú.

Si revisamos la evolución en la forma de comunicación, podemos identificar que los "mensajes" pueden ser texto (escrito, copiado o reenviado) o sino componentes multimedia (videos, memes, imágenes). En general los integrantes del grupo prefieren compartir texto (81%) en lugar de imágenes, video o audio.


Pero esta distribución ha variado a lo largo del tiempo, con una tendencia débil pero creciente en el uso de imágenes, audio o video en las comunicaciones, año a año, desde el 2022. Recordemo que este análisis se presenta hasta agosto del 2025.


Respecto a un comentario abusivo y malitencionado de JM sobre mi grupo, que habría sido utilizada solo para saludos cumpleañeros, podemos hacer un análisis sobre los mensajes compuestos por texto, buscando el texto "feli*" o "cumple*" que podría extenderse a otros deseos de fechas especiales o motivos como "Feliz Navidad" o "Felicitaciones". El resultado muestra que menos del 20% de mensajes de cada año habría tenido la intención de felicitar o hablar de un cumpleaños (o al menos con la palabra "cumple", que también podría indicar que alguien exige algo a otro). En el rango completo, es menos del 5% del total de mensajes. Por lo cual el mito de JM es falso, dadas las evidencias.


Pero la parte más interesante viene al momento de ver quien escribe más. Podemos ver que la actividad se intensifica entre los años 2021 a 2023 y el cuadro de honor lo llevan los usuarios con las iniciales JC, FB, JB y JH. Sin embargo un caso curioso es el de JM quien el 2021 supera a los anteriores con 2163 mensajes y que también se vuelve una promesa para el 2025 que aún no acaba.


Otro detalle es la hora favorita para escribir en el grupo. La gran mayoría de participantes lo hace entre la 1 y 7 PM con muy pocas contribuciones de madrugada (sin considerar las mías). Sin embargo, para el 2025, la hora favorita para mandar mensajes sería entre 6 y 7 PM.



Excluyendo mis mensajes, del total restante, JC ha contribuido con 31% de los mensajes desde el 2020. Un detalle interesante es que integrantes con las iniciales CT, KG, KP, DR, JPC, JS (✟) y LG tuvieron una participación mínima en todo ese periodo, ya que todos sus mensajes combinados no pasan del 2%


Pero si nos enfocamos entre 2024 y 2025, tenemos una nueva distribución ya que si bien JC se mantiene con su 30%, constante, emerge JM en segundo lugar con 19% de los mensajes, en menor grado siguen JH, FB y MV con 8%, 7% y 6% respectivamente. Otro detalle es que CL y UH deciden reducir significativamente su participación en el grupo.


El detalle final a observar es la forma de comunicarse de cada integrante. Normalmente cada integrante prefiere escribir que mandar videos, imágenes (memes) o audio. Sin embargo, los usuarios JPC, JV, JH y NC presentan una preferencia significativa (mayor a 35%) por el uso de medios en lugar de texto. Lo cual podría marcar una tendencia a futuro en caso retomen una participación activa.


Y volviendo al mito vendido por JM (que algunos usan el grupo solo para saludar por cumpleaños) podemos ver un patrón separado entre quienes escriben más y quienes escriben menos y aún cuando no hay un miembro que solo escriba para decir feliz cumpleaños, es claro que quienes participan menos, cuando lo hacen, tienen una probabilidad considerable de incluir "Feli" o "cumple" dentro de su mensaje. Lo cual difiere de quienes escriben más en el grupo.


No obstante es claro que la participación general en el grupo ha caído considerablemente desde el 2023, con una tendencia a seguir bajando en el futuro, lo cual podría variar si se suscita un evento importante en los próximos meses o años (¿elecciones?). La proporción de memes (imágenes, audio o videos) tuvo un ligero incremento el 2023 pero parece que en el 2025 la tendencia vuelve a ser escribir en lugar de "ilustrar". ☺



Y con esta publicación, decido darle un respiro a mi grupo, tanto en la revisión de los mensajes como en mi participación, reduciendola (si me es posible) a una entrada por mes como máximo a fin de no opacar la participación de otros.

Y tú ¿qué más desearías revisar en mi grupo de WhatsApp? ¿cres que a alguien le pueden interesar estos resultados? ¿estará WhatsApp analizando todo lo que escribimos a pesar de asegurar que todo está encriptado? ¿seguirán JM y JC escribiendo como locos ahora que nuevamente prometo no escribir? Lo sabremos en el próximo capítulo.




domingo, agosto 01, 2021

Mitos y falacias de un mensaje presidencial


Castillo (Perú): "Durante cuatro milenios, nuestros antepasados convivieron en armonía con la rica naturaleza que la providencia les ofrecía". Y esto "fue así hasta que llegaron los hombres de Castilla".

El análisis de los despojos hallados hace décadas en la cima de los volcanes Ampato y Picchu Picchu no deja a lugar a dudas de que los incas practicaban sacrificios humanos. [...] Juan de Betanzos, cronista español del s. XVI, relata que, al terminar la remodelación del Templo del Sol, Pachacutec ordenó enterrar vivos a gran cantidad de niños y niñas como ofrenda al dios Sol. Cuando Pachacútec murió, se enterraron junto a él mil niños y mil niñas de entre 4 y 5 años. [...]


Los sacrificios humanos se realizaban en Cuzco por el nacimiento del heredero del trono, por la enfermedad o muerte del Inca [emperador] o de un gobernante menor, por una guerra o por una catástrofe natural. Los sacerdotes preparaban a los niños elegidos y les administraban alcohol y hojas de coca. Una vez preparados, caminaban desde Cuzco hasta la cima de una montaña o volcán, que era donde se realizaba la ofrenda humana. Los sacerdotes los estrangulaban, los mataban de un golpe en la cabeza o los enterraban vivos. Si el sacrificios se hacía en honor del dios del Trueno (Illapa), el pequeño era abandonado en la cima de la montaña para que muriera congelado o fulminado por un rayo. [...]

[En el imperio inca] había una red de inspectores y funcionarios dedicados a la vigilancia de cada uno de los pobladores. El Inca Garcilaso de la Vega decía que los funcionarios especiales iban de casa en casa para asegurarse de que todos estaba ocupados, y los indolentes eran castigados. La policía estaba en todas partes, el menor comentario adverso a las autoridades provocaba un castigo implacable. Nadie podía abandonar el poblado sin pedido especial, pero, en cambio, podían ser desplazados sin consulta previa por razones de estado" (Marcelo Gullo, "Madre patria", pp. 156-157)


Más información: https://news.ku.dk/all_news/2013/2013.8/inca-children-were-drugged-with-coca-and-alcohol-before-sacrifice/ 


Tomado de: https://twitter.com/fjconpe/status/1420773413820502017

miércoles, diciembre 23, 2020

La Leyenda del Petirrojo


Jesús acababa de nacer, y era de noche. Hacía frío, mucho frío. Y como el pesebre no tenía puerta, de vez en cuando entraban unas ráfagas de viento heladas que enfriaban al pequeño que dormía en su cuna. 

La Virgen María estaba a su lado. San José había salido en busca de algo de comida para la Niña que terminaba de ser Madre. Al lado de María y del pequeño, había una pequeña hoguera, apenas quedaba lumbre y estaba a punto de apagarse. Entonces María le pidió al buey que le ayudara a avivar las llamas, pero el animal estaba tan dormido, que no se enteró. 

Le pide a la mula ¡ayúdame a dar vida al fuego! Estoy muy cansada y apenas tengo fuerza para levantarme, deja que duerma.

Entonces le pidió al gallo que le ayudara, por eso de que los gallos son madrugadores… pero el gallo estaba de cortejo en el corral, cantando con todas sus fuerzas y nada escuchó. 

La Virgen, muy triste, temió por su pequeño, el frío era intenso y un constipado a pocas de venir al mundo podía ser mortal... Pero entonces, oyó el trino de un pájaro. El sonido venía de un pequeño nido que había en una esquina del pesebre. Del nido salió un pequeño pajarito y voló hasta donde estaba el fuego, comenzó a aletear ¡con tanta fuerza!, que el fuego comenzó a avivarse. No era suficiente el generoso aleteo, así, que el pajarito voló hasta su nido y empezó a llevar las ramitas hasta el fuego. Desmanteló todo el nido para poder avivar más y más, la pequeña hoguera a punto de cegarse. Las llamas comenzaron a cobrar vida, eran ahora tan fuertes, que el pajarito se quemó el pecho. Pero a pesar del dolor, continuó aleteando para que el niño Jesús pudiera dormir calentito. 

Al ver que el pajarito se había quemado el pecho y desmantelado su nido, la Virgen María lo bendijo y le dio un nuevo nombre: Petirrojo, que significa 'pecho rojo'. 

viernes, junio 19, 2020

Mi impresora HP no acepta los cartuchos tras cambiar de país (Regionalización pendiente)

Les cuento la historia tenía una HP Deskjet 2542 All-In-One Printer que venía usando tintas HP 301 (negro y tricolor) pero venía de otro continente.

El problema fue que dichas tintas se agotaron y lo que siguió fue que había que comprarle una nueva en Perú.

Lo interesante fue que gracias a eso me enteré de varias cosas:
  1. Que los códigos de tinta pueden variar dependiendo a que país te mueves
  2. Que no basta con cambiar la tinta por la equivalente en el país, pues lo más probable es que la impresora no lo reconozca.
Si tienes el mismo problema que yo espero este post te ayude, pues si llegaste aquí te cuento que todo es factible de ser solucionado, con la ayuda de HP.

Revisa cada punto con atención que es un procedimiento que funcionó:

¿Qué tinta debo comprar? 

Si la impresora viene de otro continente te darás cuenta que el cartucho que buscas no existe en el continente donde te encuentras, para eso tienes que buscar una tabla de equivalencias de tintas por país, eso lo encuentras aquí. Como casi siempre los enlaces cambian de tiempo en tiempo si no funciona busca en Google lo siguiente.

Impresora HP - ¿Qué cartuchos funcionan con mi impresora HP?

Este documento es para todas las impresoras HP fabricadas a partir de 2007.

Encuentre y adquiera el cartucho de tinta o tóner adecuado para su impresora HP.

Información sobre los cartuchos de tinta para las impresoras

Información sobre los cartuchos de tinta para las impresoras Todo-en-Uno HP DeskJet serie 2540.
OK Ya tengo la tinta, ya la instalé y no funciona en mi impresora ¿ahora que hago?

El siguiente paso es contactar a HP. Para ello hay diversas maneras, pero la que funcionó en mi caso fue el contacto por messenger:
Una vez que los contactas, les explicas el problema, para validar lo que digo puedes ver este enlace y comprobar que con los nuevos cartuchos te aparecerá alguno de los siguientes errores:

Impresoras HP - Cómo encontrar cartuchos de tinta después de mudarse a otro país o región

HP personaliza algunas impresoras y cartuchos para satisfacer necesidades locales específicas de los usuarios. Si lleva su impresora de un país a otro, puede ser que no encuentre cartuchos con el mismo número que sus cartuchos originales en la etiqueta. Si instala un cartucho de tinta con un número diferente de la etiqueta, es posible que vea uno de los siguientes mensajes de error:

  • Cartuchos incompatibles
  • El cartucho no está diseñado para esta impresora
  • Cartuchos incorrectos

El paso final será que instales todo el software de la impresora y en el cuadro que muestra la capacidad de los tanques de tinta ingreses a un menú que te mostrará información similar a esta:
Esta información la debes compartir al personal de HP que te preguntará en qué región quieres usar la impresora, ellos te proporcionarán los códigos para cada celda vacía 41, 42, 43, 44, 45 y te preguntarán que te sale en 51 y verificarán que te salga el mismo valor. Luego de eso das clic en Aceptar y listo, tu impresora estará lista para ser usada solamente en la nueva región, de ahora en adelante.

Para que te hagas una idea del proceso a seguir, te dejo este video, a mi me sirvió para hacerme una idea de qué hacer (en inglés):

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