Dicen que cada viaje tiene una experiencia inolvidable; en mi caso, un corto viaje a España, donde fuimos a encontrarnos con mi amigo VVF, quedaría marcado por la perspicacia de mi esposa y por un ingreso inesperado y casi imposible al museo.
Llegamos antes de las
6 PM y ya había una cola interminable. Era improbable que ingresáramos y mi
esposa me dijo que iba a averiguar. Por un momento pensé que ella estaría en la
taquilla, comprando entradas, así que me quedé cerca. Luego, cuando vi que se
acercaba la hora, me percaté de que no era ella quien finalizaba la cola en la
taquilla, ya cerrada para el ingreso, decidí seguir la cola de principio a fin.
Había gente parada, otros sentados en el suelo o en algún borde del jardín. La
cola se extendía a ambos extremos del corredor y parecía interminable. Mientras
llamaba a mi esposa para saber dónde estaba y, sin haber llegado aún al final
de la cola, mientras la gente se alistaba para ingresar, ella venía a mi
encuentro con un señor que le comentaba que podíamos ingresar con él al museo
si queríamos, sin costo antes, durante ni después.
Mientras me presentaba, me preguntaba si sabía algo sobre lo que encontraría dentro. Recordé mis clases con el profesor Merino (de arte, del colegio) e ingresamos por un acceso lateral que decía “Amigos del Museo”. El señor amablemente nos presentó como “sus alumnos” y la seguridad nos permitió el ingreso. Mientras ingresábamos, nos hizo una segunda consulta: si queríamos continuar nuestro paseo por nuestra cuenta, ya que su promesa había sido cumplida: estábamos dentro del museo. O si queríamos seguirlo en su recorrido, con la advertencia de que él tenía ciertas pinturas favoritas y que posiblemente no habría tiempo para verlas todas, ya que eso podría requerir semanas.
Tras una breve conversación con mi esposa, decidimos seguirlo. Era nuestro último día en Madrid; ya habíamos ingresado gracias a un buen samaritano, pues de lo contrario creo que no hubiéramos podido hacerlo, dado que el ingreso es limitado y dudo que lo hubiéramos logrado si nos ubicáramos al final de la cola.
Empezamos viendo la Anunciación de Fra Angélico, nuestro acompañante, que se volvería guía, comenzó el recorrido recitando el Ave María, mostrándonos primero el cuadro de la Anunciación, para luego pasar a la Visitación y terminar la oración.
Luego veríamos la Mona Lisa que ahí se exhibe y de la cual se dice que podría no haber sido una copia sino un original.Fue un recorrido muy nutrido; pasamos a las pinturas negras de Goya, incluyendo el perro semihundido,
.jpg)
Vimos cuadros de Velázquez, incluyendo el Cristo crucificado (uno de los primeros con cuatro clavos),
el Triunfo de Baco,
el cuadro del Príncipe Baltasar Carlos,
Las Meninas (que se vuelve el cuadro inamovible del museo y quizá el más valioso), por qué la infanta Margarita lucía tan blanca (o pálida) y qué posiblemente había en el búcaro.
Hizo mención especial al único cuadro de Picasso que veríamos en el Museo del Prado (Busto de una mujer), que luce extraño en la sala, dadas las obras que lo acompañan. Vimos obras de estudiantes junto a obras famosas, que luego fueron evaluadas por profesores de arte. Al preguntarle qué enseñaba, dado que sabía a la perfección la ubicación de cada obra y la historia detrás de cada una, me respondió que dado que se olvidaba de algunas cosas, también se había olvidado de eso.
Un momento interesante es que nos quedamos a contemplar una obra peculiar: “La Vocación de San Mateo”, quien era cobrador de impuestos y que lo dejaría todo para seguir a Jesús. No nos paramos de la banca sin antes dejarnos a la reflexión sobre si también lo dejaríamos todo por seguirlo en estos tiempos, tal como lo hacen sacerdotes y monjas, aun en estos tiempos modernos.
Con precisión respecto al tiempo, culminamos el recorrido con la Maja Desnuda y la Maja Vestida y los motivos de Goya detrás de esas pinturas, me quedé asombrado por el tamaño porque aún cuando al ser obras no muy pequeñas, no eran tan grandes como las imaginaba. Curiosamente, éramos los únicos con cámaras en el cuello que no pudimos sacar del estuche porque no se permiten fotos.
En ese momento llegó la hora del cierre y tuvimos que salir, siguiendo a nuestro “guía” y por la ruta que mejor conocía. Quedó otro piso de Goya que no vimos, pero estábamos más que satisfechos porque, como nuestro mismo guía diría: “nunca había hecho un recorrido tan rápido”, viendo tantas obras que reflejan el talento de esos pintores que retrataban con mucho realismo lo que sus ojos y su memoria podían captar, dado que, en algunos casos, sobre todo para familias reales, solo tenían pocos minutos para ver al grupo.
El recorrido terminó con un momento que marcó nuestra visita. Nos preguntó qué haríamos mañana y la respuesta fue que ya regresaríamos en la madrugada. Y nos dijo: “Y yo qué quería quedarme con ustedes”. Nos hizo una única petición: si podía darnos la bendición. Nos hizo la señal de la cruz en la frente y se despidió. Fue un momento muy emocionante y, mientras reflexionábamos sobre lo ocurrido, se perdió de vista.
Hay detalles, explicaciones y el cansancio del recorrido, que omito en este relato, pero nos sucedió a dos personas; así que no fue ilusión ni sueño, pero sí marcó lo que será una visita inolvidable y Dios permita que lo volvamos a encontrar alguna vez a nuestro guía.
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
Comentarios