¿Racismo, exclusión o ilusión?

Si hay un tema incómodo en toda conversación internacional, es el racismo, o al menos los estereotipos. Todo puede empezar, inclusive, con un tema tan común como la comida: que yo no comería esto que comen los...

Pero aun eso es mediblemente comprensible: cada quien forja preferencias con el tiempo, aprende a comer lo que come tu familia y, con el tiempo, dejas de aventurarte con cosas nuevas. Con el tiempo, eliges juntarte con gente que comparte tus preferencias, tu forma de ser, incluso tus posturas políticas y, eventualmente, evitas juntarte con personas que se alejan mucho de tu escala moral, de tus principios y, bueno, por qué no, con gente que simplemente no te gusta.

Pero también con los años te enseñan a disimular, a ser "políticamente correcto", a ser "delicado" en la manera de decir las cosas, a ser "diplomático" y no "directo" porque podrías herir susceptibilidades, pero ¿acaso eso es bueno?

Aquí hablaré de dos casos interesantes: uno que siempre se refería a mí como "Uds. comen cuy", como si eso fuera una práctica diaria; es más, diría "primitiva", pero inmersa en nosotros, de modo que, si vemos un cuy, así sea mascota, lo preparamos de inmediato o lo vemos con hambre. Siempre tomé con humor eso, es más, alguna vez pensé sacarle ventaja para pedir algo, considerando que nos ven tan básicos que no podemos comer otra cosa.


Pero el otro caso es más reciente, de amigos que asumía que tenía ¿tengo? de una misma nacionalidad distinta a la mía, con un idioma natal distinto., que siempre, educados, me incluían en sus conversaciones, inclusive en sus reuniones, más aún porque, cuando me encontraban de a uno, parecían disfrutar de conversar conmigo o, al menos, que mi compañía no era incómoda, inclusive por lo largas que podían ser nuestras interacciones. Pero eso era algo interesante: en encuentros de uno a uno, todos disfrutaban de una charla larga o mediana; todos. Lo interesante vino después, cuando noté que, cuando se reunían en grupo, no me llamaban o, al menos, no me extrañaban. Que cuando estuve mal en un hospital, nunca me visitaron; sin embargo, yo sí estuve al menos con uno de ellos en un momento en que sí lo requería.

Pero este no es un caso de resentimiento sino de reflexión. Pues muchas veces asumimos que las diferencias están solo en nuestra cabeza; que todos somos iguales, que no hay diferencias entre nosotros, pero lamento decirte que sí, sí las hay. ¿Es esto malo? Pues no. Al menos no necesariamente. Imaginemos nuestro tiempo en el colegio cuando nos decían que teníamos que jugar con cierto amiguito con el que nadie quería jugar, no porque fuera nuevo, sino porque había algo que nos desagradaba de él: sus dientes, su cabello, su ropa, su forma de hablar, sus costumbres o simplemente sus chistes malos. ¿Era necesario obligar a un niño a incluir a otro que no le cae bien? Suena injusto para quien se siente obligado, ¿o no?

Pero bueno, el tema no termina ahí, el tema termina en que, a pesar que este humilde servidor, intentó ayudar a un miembro de ese grupo ofreciéndole trabajo, con opciones para mejorar ciertas características que quería mejorar durante sus estudios, a pesar de haberle llevado, casi de la mano y a la fuerza, a emergencia cuando nadie se lo recomendó con una fractura evidentemente visible (ni sus profesores); el día que presentó su informe final, tuvo la gentileza de agradecer a varios de sus amigos, todos de su mismo grupo y nacionalidad pero se olvidó de este viejo servidor. Y es ahí cuando te das cuenta de que podrás ser muchas cosas, pero nunca parte de su grupo, hagas lo que hagas. Y que ha venido pasando desde hace muchos años, en muchas culturas y eras, y que forma parte de la naturaleza humana.

Podríamos dar muchas explicaciones sobre esta parte de la historia, pero tengo solo una: la cortesía no implica amistad. Una persona podrá caer en la calle; podrás ayudarla a levantarse; te agradecerá por hacerlo; posiblemente, siempre que te vea, te salude, hasta te sonríe, pero nunca te considerará ni a ti ni a tu amigo ni a tu familia, o al menos no como tú lo esperarías.

Esta nota puede sonar algo pesimista, escéptica (quizá también negativa), pero solo refleja que no tiene por qué agradarnos todo el mundo. Que muchas veces las relaciones son solo transacciones: qué te doy, qué me das. Que las cortesías o el agradecimiento son una especie de pago, no de desprendimiento, y que la cuenta vuelve a cero después de eso. Es interesante porque, a pesar de todo, para mí seguirá siendo dar sin esperar nada a cambio y, lamentablemente, a veces duele saber que ese nada a cambio es duro de digerir, porque ahí te das cuenta de que nunca nadie de ese grupo se enteró de lo poco bueno que pudiste hacer por esa persona. Y gracias a Dios, ahí se aplica eso de "hacer el bien sin mirar a quién", quizá en su máximo esplendor, porque somos "buenos", pero no tan buenos como para que el grupo cercano a ellos se entere de ello.

Alguien podría decir y ¿qué hacer en estos casos? Diría que nada, sé tú mismo, sé bueno, y espera comentarios como ¿por qué haces esto? ¿Por qué invitas esto? ¿Por qué nos invitas a tu casa? ¿Por qué nos invitas a comer torta en tu cumpleaños? Y que, en el fondo, te están diciendo: no creo que no quieras nada a cambio. Y, de igual manera, por más duro que parezca, si alguien te invita a su casa, a comer o a lo que sea, no te ve como un amigo ni como a alguien a quien le cayó muy bien, sino más bien como a alguien que puede servirle en algún momento y nada más.

Tiempo atrás, alguien me dijo: "Aparte de tu familia, de tu madre, tu esposa y tus hijos, no hay más familia." El cuento era que en el trabajo éramos una "gran familia" . Y ¿amigos? Quizá los que hiciste en la infancia sí están a tu lado en los momentos difíciles, con más razón, pero el resto es solo accesorio, transitorio y solo queda acostumbrarse.

Deberíamos, por eso, ¿dejar de hacer lo correcto? Por supuesto que no, pero si no quieres que tu corazón pierda pedazos en el proceso, lee lo que escribo dos veces, respira hondo y da lo mejor de ti cada día, claro está, sin esperar nada a cambio. Pues nadie está obligado a hacerlo, y menos a compartir lo bueno que haces con alguno de su grupo. No confundas la cortesía, nunca, con la amistad. Y considera que la amistad podría significar algo muy diferente en otros idiomas, a pesar del tiempo que dicha "amistad" pudiera haber durado.




Comentarios